martes, 21 de mayo de 2013

Volvio OpenOffice con la version 3.4

Un análisis un poquito más profundo, a continuación.
Aclaración, no obstante: cualquiera de las dos suites libres de oficina son una bendición para los que ni estamos dispuestos a costear el Microsoft Office (en mi caso, debería desembolsar unos 3000 pesos para cubrir todos mis equipos) ni queremos bajarnos una versión pirateada de este software. En rigor, y como verán a continuación, el usar software libre excede por mucho el asunto del precio.

Así que la decisión sobre usar OpenOffice o LibreOffice no es de vida o muerte. Con todo, y debido a que me lo han consultado muchas veces desde que, hace algo más de un mes, apareció de nuevo en el radar el OpenOffice de la mano de la Fundación Apache, voy a responder con este post. Ojalá también puedan poner sus opiniones, porque, como suele ser, y muy a pesar de los tiempos maniqueos en los que vivimos, casi ninguna decisión en esta vida, ni grande ni pequeña, es por blanco o negro.

El primer motivo por el que uso LibreOffice es porque es OpenOffice.org. ¿Perdón?
Y, sí. El éxodo de los desarrolladores de OpenOffice hacia The Document Foundation se produjo el 28 de septiembre de 2010 debido a que Oracle, que había adquirido a Sun Microsystems el 27 de enero de ese año (sobre esto pueden leer aquí), había emitido señales sobre la posiblidad de que la corporación fundada por Larry Ellison discontinuaría OpenOffice.org.
La intención de The Document Foundation era continuar el desarrollo de la suite libre de oficina. Pero no podían ponerle el mismo nombre, que estaba registrado a nombre de Oracle. Así que eligieron LibreOffice (buena elección, además). Ahora, los que se fueron eran los mismos programadores que hacían OpenOffice. De modo que LibreOffice no es sino un OpenOffice que siguió evolucionando, hecho por la misma gente.
Lo que me lleva al segundo motivo por el que sigo con LibreOffice. Mientras el código del OpenOffice, durante dos años, durmió en un cajón a la espera de mejores condiciones climáticas, The Document Foundation se dedicó a trabajar. Es decir, siguieron mejorando la suite de oficina que llamamos LibreOffice. De hecho, lo que tenemos ahora de la Apache OpenOffice es la versión 3.4.0, mientras que LibreOffice va por la 3.6.4.2.  y  ahora 4.2
Tercer motivo por el que sigo con LibreOffice: desde noviembre de 2010, y durante todo el tiempo que OpenOffice estuvo en coma, la suite de The Document Foundation fue mi única herramienta de trabajo para textos. No falló, se bancó cierres y maratónicas jornadas de 8 a 10 horas de escribir y editar. Dicho más claro: no me ha dado ningún motivo por el que tenga que cambiarla. Y OpenOffice, por ahora, no me ha dado motivos para regresar.

Ahora, si alguien quiere volver a OpenOffice, adelante. La nueva versión contiene un montón de correcciones. Con el tiempo, y gracias a que la Fundación Apache está ahora a cargo, se pondrá a la par de LibreOffice y, quién sabe, tal vez la supere. O vuelvan a unirse. Es lo de menos. Durante años le faltó al software libre una suite de este calibre. Ahora tenemos dos. No hay razones para preocuparse. Más bien, todo lo contrario. Habría que celebrar.
Si hay lugar o no para dos suites por ahora virtualmente idénticas en el mundo del software libre es otro asunto y no da para ponerse a especular.

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